¿Cómo preparar a los niños que comenzarán en una nueva escuela? 

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La clave es estar conscientes del estado emocional del niño y propiciar el diálogo

Para el próximo año escolar muchos estudiantes pasarán por la experiencia de comenzar en una escuela diferente a la del año anterior. Si a los adultos nos cuesta ajustarnos a un cambio de trabajo, la situación es mucho más compleja para los niños.
 
A algunos niños les cuesta ese tipo de cambios y pueden manifestar ansiedad, temor a lo desconocido, además de depresión por tener que dejar atrás amistades y un ambiente seguro, conocido para ellos.
 
¿Cómo ayudarlos? 
 
La clave es estar conscientes del estado emocional del niño y propiciar el diálogo. Es importante no mentirles, ser honestos y explicarles por qué fue necesario el cambio, sobre todo para que no sientan que, en cierta medida, el mismo se produce por su culpa. Se debe escuchar al niño y mostrar empatía, pero la conversación debe tomar un giro hacia lo positivo, hacia las oportunidades y experiencias nuevas.
 
Los padres no deben exagerar ni inventar maravillas sobre la nueva escuela, que resultarán no ser ciertas, y complicarán el proceso de ajuste del niño. Tampoco deben mostrarse inseguros porque lo transmitirán al niño. Una conversación clara, honesta, compasiva, optimista y que imparta seguridad, puede ser la gran diferencia.
 
Procure llevarlo a visitar la escuela, las facilidades y la localización. Esto también puede aportar a una mejor adaptación. Si en la escuela anterior practicaba un deporte o tomaba clases de música o cualquier otra actividad extracurricular, procure mantener la rutina, más aún si en las mismas puede mantener contacto con amigos de la escuela anterior.
 
Cuando el cambio se realiza como consecuencia de un fracaso escolar, la situación es emocionalmente más compleja para el niño y para los padres. Cuando un niño fracasa en un grado y la maestra le indica a sus padres que entiende que esa escuela no es la adecuada para su hijo, sino que el menor require más ayuda, grupos más pequeños o ayuda individualizada, la alternativa de una escuela que trabaje con niños de educación especial, es una razón lógica para un cambio.
 
No obstante, en ambas partes puede surgir un sentimiento de fracaso, de sentirse culpables, de pensar constantemente qué pudo haberse hecho diferente para evitar el mismo.
 
Todos soñamos con que nuestras hijos sean exitosos, que sus logros sean aun más grandes que los nuestros. Admitámoslo o no, muchos padres se sienten realizados con los logros académicos de sus hijos y crean una competencia con sus amistades, aunque en sus mentes, para demostrar quién tiene el hijo más brillante. Esta actitud choca dolorosamente contra la realidad de que su niño está rezagado, que tendrá que repetir el grado o cambiarse a una escuela o grupo de educación especial.
 
En este caso, mientras más pronto se acepte que el niño necesita ayuda para aprender, que no se deben adjudicar culpas, sino buscar ayuda para el menor a través de especialistas que determinen cuál es el problema y cuál es la mejor ubicación escolar para él, mejor será el proceso de adaptación a una nueva escuela.
 
De ser necesario, los padres deben consultar a un consejero o psicólogo que los ayude a identificar sentimientos negativos que podrían estar transmitiendo a su hijo y que van a ser un obstáculo para la realidad de la nueva escuela.

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