Especies veneradas por los mexicas, como el jaguar, se encuentran amenazadas, según especialista

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El quetzal, el jaguar, los colibríes y el águila real son algunos de estos animales, los cuales mucho antes de verse en un callejón sin salida dejaron huella en esta civilización, formando parte de sus costumbres y siendo pieza esencial dentro de su cosmovisión.

Ciudad de México, 4 de octubre (EFE).- Casi todos los animales que fueron venerados por los antiguos mexicas están hoy bajo algún tipo de amenaza en México, aseguró a Efe el biólogo Carlos Galindo, director de comunicación de la ciencia de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio).

El quetzal, el jaguar, los colibríes y el águila real son algunos de estos animales, los cuales mucho antes de verse en un callejón sin salida dejaron huella en esta civilización, formando parte de sus costumbres y siendo pieza esencial dentro de su cosmovisión.

Con motivo del Día Mundial de los Animales, Galindo relató algunas de las historias que envuelven a estas especies y advirtió que “el principal problema es que se extingan en nuestras mentes”.

“Es una lástima que estos animales que eran tan importantes hace 500 años hayan ido perdiendo ese valor que tenían. Ya casi parecen animales mitológicos”, lamentó.

Uno de estos animales emblemáticos es el jaguar, hoy día en peligro de extinción y que en la época prehispánica “representaba la noche”.

También estaba vinculado al dios Tepeyóllotl, que en la lengua náhuatl significa “el corazón del monte”.

A ojos de Galindo, el jaguar es “un animal muy asombroso”, ya que es de los pocos felinos que, en lugar de ahogar a sus víctimas apresándolas por el cuello, les rompe el cráneo atravesándolo con sus colmillos.

Los tlatoani, como se llamaba a los gobernantes mexicas (cultura fundadora del imperio azteca), tenían la costumbre de vestirse con pieles de jaguar o sentarse sobre sus tronos arropados por el pelaje de este felino emblemático de América.

“Era uno de los tributos que se mandaba traer a los gobernadores”, agregó Galindo.

Otro de los tributos que pedían los mexicas a los pueblos tributarios eran las plumas del quetzal, un ave también en peligro de extinción y que guarnecía el icónico penacho del emperador Moctezuma.

Además, en algunas pirámides mexicanas -como las de Teotihuacan o la de Cholula- hay guías que aseguran a los visitantes que, cuando se da una palmada frente a los vetustos escalones, la acústica crea un eco con el que, misteriosamente, se escucha el graznido del ave.

Otra ave de igual o mayor importancia, la cual también se encuentra bajo amenaza, es el águila real, cuyo significado “era equivalente al sol, una de las principales deidades”.

Cabe destacar que es el águila más grande del centro y norte de México y que la bandera del país luce una ilustración con el imponente rapaz posándose sobre un nopal, planta en la que las aves se paraban para señalar a los hombres el lugar donde podían comunicarse con los dioses, según se creía.

También en el estandarte mexicano se puede ver una víbora de cascabel.

México es el país con más víboras de cascabel en el mundo y varias especies están amenazadas.

Siglos atrás también significaron mucho para la cultura mexica. Fueron muy representadas escultóricamente y despertaron “una alta estima religiosa”.

“Las víboras se relacionan con la fertilidad de la tierra y con las lluvias”, precisó Galindo.

El experto mencionó el Templo Mayor de la Ciudad de México, el cual está rodeado por una serpiente y cabezas de serpiente.

“En el caso de los mexicas, son impresionantes las esculturas que hacían, pues mostraban a la serpiente no solo por arriba sino también por abajo”, observó.

Volviendo a las aves, el colibrí es otra de esas veneradas por los mexicas y, actualmente, de las 57 especies que hay, algunas se encuentran en riesgo.

No deja de ser curioso que el nombre de Huitzilopochtli, el dios principal de los mexicas, quiera decir “colibrí zurdo o colibrí de lado izquierdo”.

“Además de su colorido, que es realmente impresionante, cuando baja mucho la temperatura entran en un estado de torpor, les baja el metabolismo y parece que se mueren. Cuando sube la temperatura, se recuperan y es como si resucitaran. Estas características los relacionaban con la principal deidad”, detalló.

A las especies mencionadas hay que agregar al lobo mexicano, el cual hace años fue declarado extinto en vida silvestre en México -esta subespecie del lobo gris aún se aferra a la sobrevivencia en el sur de Estados Unidos-, que también era relevante para las civilizaciones prehispánicas.

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